viernes, 27 de mayo de 2022

Carta 2

Querido amigo, caí. 

Porque errar es de humanos y creo que no he conocido a nadie más humano que yo. Al menos no dudo de mi humanidad. A veces parte animal, olvidando la coletilla de "racional". 

Asustó cuando la presión me puede, me dobla, siento la espalda como se pliega de forma que acorta distancias y acabó en el suelo. Me creo todo terreno y me aventuro a escalar por su cintura, a alborotar su melena rubia, a soñar que esa caricia en la mejilla acababa en un fundido como en las películas de amor.

Más está claro que no. Y me hiere. No lo expresó, pero me veo durmiendo abrazado a la almohada para sofocar ese ardor. Si me mira, sonrió. No quiero drama en el cara a cara porque cuando la miro solo pienso en nos.

Ese nosotros que no existe, al menos como quisiera. No es capricho mío, es lo que siento cuando mi vacío, frio, empieza a borbotear. Cada burbuja rezuma palabras que hablan de ella que llego un 2022 complicado de verdad.

Es una amalgama de cosas que buscaba y otras que ni soñaba. Mar en calma, tornado en llamas, pradera verde malva, libros de Kafka, pinturas al agua, sorbo de vida cuando está falta. Ojalá "mi amor" cada mañana. Alhaja si me pongo poeta, íbice cuando escala mi cabeza. Solo tiene un nombre y no lo pienso nombrar.

Oírla respirar en la noche sabiendo que mi mano recorriendo su brazo es lo más parecido a hacer el amor y su respiración calmada es mi vicio insano, que aplana cualquier estrago.

Lo siento amigo, pero en este juego, ya hace tiempo que perdí. 

Ella es feliz, y yo la observó en la distancia. 


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