Te quiero decir varias cosas, aunque ya las sabes. Lo digo una y otra vez para acodarme yo de ellas. Para saber qué me gusta el roce de mis dedos sobre tu mejilla, del baile que se pegan las yemas de los tuyos sobre mi pelo. Enredos que terminando en miradas al son de un "te quiero" me traen dulces momentos y es por ti. No es de menos, cada abrazo que doy sin miedo a la huida. Pues ya acepto que no todo es como parece. Que el corazón siempre tiene dudas, pero yo miro de frente a mis errores. A mis espacios y malos días. A mi dolor de sábanas vacías, al olor de tu piel limpia y clara sobre mi ropa cuando cansada de la tuya, adoptas como vestuario en mi casa.
Y ya no se qué pasa, o pasará. Tengo tiempo para ti, tengo ganas de sentir tu cuerpo junto al mío mientras miramos las estrellas, o escuchando música, viendo películas o hablando. Uno junto al otro, como una pila de recuerdos sin ordenar. Tanto es así que poco a poco me fui acostumbrando y ahora siento mío lo que antes era ajeno.
Cómo tus sonrisas y tus buenos días, como tus bailes mientras cocinas, como tus sonidos felinos al hablar en la rutina. Más aún mencionar la constelación que decidió tomar tu pecho como nido. Ahora marcan el destino de mi mano al pasar por ellos sin más deseo que volver a verlos. Eres de distinta especie, y yo hace mucho pensé que no había una loca para este loco. Encuentro que mi felicidad ha sido invadida por tus rizos color coco.
Que sea lo que tenga que ser, pero contigo.
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