Miraba el espejo negro, cambiándolo por tu sonrisa.
Naces, te ilusionas y mueres, algún día.
Hasta entonces tengo minutos limitados para conocerte, un mar de dudas que ordenar, una montaña de deseos por cumplir y lo único que quiero es tu pelo acariciar.
Ya no se ni que día fue, solo se que paso. Te vi, cara a cara. Fundirnos en Gran Vía. Quedar tras las clases, despedida en Embajadores.
Noches de llamadas con tu dulce armonía.
Meses y meses soñando con que vuelva a coincidir, siendo está una pequeña alegría.
Tus "te quiero" sanaron mi alma marchita.
Robando al de Zaragoza sus frases "Ella era Dafne huyendo de su Apolo, yo esa noche no quería dormir solo", y en resumen, tú y yo seres infinitos. Contigo estoy seguro, nuestros abrazos son mi sitio favorito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario